Que si la columna está torcida, que si los cimientos no son firmes, que hay elementos que no pegan estéticamente. ¡Y qué más da!
La grandeza de la obra que está levantando este hombre no está en su estética o su robustez. Es un monumento a la perseverancia a la lucha de una persona por conseguir un ideal, un sueño. Un hombre que lleva casi medio siglo luchando día a día por su anhelo, en solitario, contagiando con su energía a muchos, dejando boquiabiertos a todos.
Hace tiempo que pensé que un hombre no podría sorprenderme y ayer Don Justo lo hizo. Me impresionó su fe ciega, no en Dios, sino en si mismo, su ambición y su lucha por hacer realidad su visión.
Hoy en día, en que lo más parecido que los niños tienen a un héroe es un niñato rico y malcriado, cuyo mérito es darle patadas a un balón o en el que el modelo de comportamiento es un televisivo y mediocre cantante, creo que en vez de tanta LOE, LOGSE, o como quiera que ahora se llame, debería establecerse, como obligatoria, una visita a la Catedral del Tesón. Un monumento a la grandeza de este hombre menudo de espiritu inquebrantable.
Como lo has leído, es un viernes a las seis y estoy en la oficina. Habrá muchas personas que digan ¿y qué? a mi me quedan todavía tres horas de estar aquí y eso teniendo suerte.
Mi problema es que no estoy acostumbrado a esto. Hasta hace poco, que cambié de trabajo, yo los viernes salía a las dos, dos y media a los sumo. Me iba a casa a comer y luego siestecita. Así daba gusto.
En el nuevo trabajo todo cambió, se acabó la siesta del viernes al igual que se acabaron otras muchas cosas. Pero era soportable. Ahora no. Ahora no, porque mi jefe ha tenido la feliz idea de comprarse un manos libres. Y lo que es peor, ha aprendido a utilizarlo y mira que es torpe, que aún no domina la tecla de rellamada del teléfono. Pues con esto no ha tenido problema.
Ha decidido que mientras está en un atasco camino de Londres lo mejor que puede hacer es llamarme. Debido a la diferencia horaria yo, que trabajo en España, a las horas que me llama estoy sentado en mi mesa intentando despertarme con aquello del "Ay, mísero de mi, ay infelice... qué coño hago yo trabajando". Según como va la conversación yo se lo que cenó la noche anterior. Si cenó ligero y ha dormido bien simplemente me da los buenos días, me convoca para una reunión e incluso me pregunta como estoy. Si cenó fuerte y ha tenido mala noche, como ha dormido mal y ha tenido tiempo de pensar empieza a mandar cualquier tontería que se le ocurre. Inútil, eso sí, pero que cuesta horas hacerla. Por supuesto lo quiere para ayer.
Desgraciadamente, debe llevar unos días estreñido y eso implica que ya son las seis y cuarto y sigo aquí. Y seguiré aquí al menos los diez próximos cuartos de hora. ¡Por qué no habrán inventado el Laxatín vía telefono móvil!